Levántate y anda

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martes, 27 de octubre de 2009

Gestión de los deseos



Entendido como instancia de sociabilidad literaria, entonces, el taller va a funcionar como una tecnología de la amistad y como un dispositivo de gestión de los deseos de trascendencia literaria de segmentos específicos de las clases medias intelectualizadas, cuyo sustento económico, mayoritariamente y de acuerdo a una encuesta personal (1), se origina en comercios y profesiones liberales. Al mismo tiempo que su arquitectura emocional va a asemejarse a la de la iglesia, dadas sus rotundas jerarquías y la materialidad de sus rituales, su mera existencia es una vía de profesionalización para muchos escritores que no pueden vivir de su pluma en los modos tradicionales (sea a través de las publicaciones, sea a través del periodismo, sea a través de la profesionalización en la educación formal), y el emergente de una cultura literaria donde la cantidad de lectores se equipara paulatinamente con la cantidad de escritores. Este movimiento, de más está decirlo, muestra tensiones significativas con instituciones pensadas para momentos en los que la dinámica productores – consumidores era diferente. Los premios literarios, la conformación de cánones en las instituciones específicas, los juicios críticos y los medios especializados, sean pequeñas revistas o suplementos de medios escritos masivos, pero específicamente el campo editorial y las pequeñas editoriales literarias van a mostrar las marcas de esta dinámica emergente, del mismo modo que los mismos van a resultar un elemento indispensable a la hora de pensar en la arquitectura actual del subcampo de la narrativa joven, y su hegemonía simbólica preanunciada en el campo de la poesía quince años atrás.

martes, 29 de septiembre de 2009

Renovando las armas de la crítica


Le dije a mi locatario que se había quedado corto con algunas cosas, pero ese afán democratista y cientificista carismático que tiene no lo dejan expresarse con libertad. Igual, quedó bien, que se yo...


lunes, 14 de septiembre de 2009

Bourdieu, mon amour


Tantas peleas, reuniones bajo un tubo fluorescente sucio que me hizo negarte como mil veces. Esta mañana, alguien me decía que desconfía cuando una relación anda demasiado bien. Y creo que tiene razón. Por eso, este domingo mental, aprovecho para decirte que te extraño, Pierre, y que algunas noches, cuando me desvisto en la oscuridad, me prometo rezar por vos.


"En todos sus trabajos Bourdieu va relegando la importancia tanto de los espacios específicos de sociabilidad literaria, como las dinámicas internas de la “ampliación del público lector”, como así también la dialéctica establecida entre ambas instancias y las mencionadas tecnologías de publicación y reproducción de lo escrito, para concentrarse en la conformación del campo como un espacio de posiciones capaz de poner límites pero, al mismo tiempo, habilitar los proyectos creadores de los escritores. Para Bourdieu, el desarrollo de la prensa se asemeja a un hecho natural, que ocurre más allá de los límites del sentido, y es un aspecto morfológico más, entre otros. Replicando las categorías que se propone analizar –y que se perpetúan hasta nuestros días-, Bourdieu da cuenta de una literatura “industrial” producida “para el mercado”, de periódicos que se hacen eco de los comentarios de los escritores más subordinados al campo de poder y de profesiones literarias de menor o mayor jerarquía, pero su énfasis no está puesto en una descripción del campo de publicaciones o de la edición existente en el momento. La prensa, y el campo editorial, tienen en general un rol represivo y subordinado, que en el mejor de los casos asciende a la figura retórica de “intermediarios”. Imbuido en la misma mezcla de fascinación y rechazo por el “gran público” que atribuye a los artistas, Bourdieu emprende un notable trabajo de rastreo de “autores menores” y escuelas olvidadas, siempre necesario para comprender la dinámica real del campo y no tomar a los frutos de un proceso de lucha social por la imposición de sentido, o dicho en otras palabras, al canon existente y legitimado, como hechos naturales. Pero esa sutileza y versatilidad no aparecen a la hora de pensar las dinámicas a través de las cuales los escritores acceden a la publicación de sus obras. El caso de Baudelaire, en este sentido, resulta ilustrativo. La cita con la que se abre este parágrafo revela el lugar subordinado que la actividad editorial tiene, de acuerdo a Bourdieu, con relación a las instancias de escritura y los estilos de vida de los escritores. La publicación de Las flores del mal por parte de Poulet-Malassis, editor de poesía de vanguardia, “comprometido con la lucha a favor de la poesía joven”, vendría a legitimar este subcampo de la edición y la relación entre escritor y editor de combate, y en el mismo movimiento, la aparición de la crítica como una forma de arte que permite a los autores generar los principios de apreciación de sus obras. Quedaría, entonces, como una asignatura pendiente en el trabajo de Bourdieu una profundización de las condiciones sociales, las instancias de sociabilidad, la especificidad de las luchas y los diferentes factores morfológicos que contribuyen a la generación de la mencionada “homología estructural y funcional” entre editores y escritores. La caracterización de los editores como intermediarios, homologables a los directores teatrales o de galerías de arte, o incluso a los funcionarios estatales encargados de la repartición de las dádivas del mecenazgo estatal, abre un arco de preguntas donde la especificidad de los editores, personajes desgarrados por la cualidad cultural y comercial de las mercancías que producen y difunden, fusibles de contacto entre el escritor y su público, sea el “gran público” o el público del “campo de producción restringida”. Abrirá, del mismo modo, vías fructíferas para reflexionar sobre las diferentes transformaciones no sólo de las tecnologías de publicación y difusión de las que se sirven estos editores, sino de la propia naturaleza su actividad y de la calidad de los públicos o lectores que estos editores y los mismos escritores imaginan."

martes, 20 de enero de 2009

La cultura es una chica rutera




De acuerdo a Yúdice (2001: XXX), la nueva división del trabajo cultural se realizaría a través de un sistema de maquila, donde se obtienen ganancias mediante la creación o posesión de derechos de propiedad intelectual mientras se contratan servicios de ensamble locales e independientes. Así, los países latinoamericanos se destacarían por la baja actividad en tanto productores de derechos o de patentes intelectuales, quedando confinados al rol de proveedores de mano de obra barata, capacitada para el ensamble y la producción. Además de la precarización laboral resultante, donde los trabajos se realizan por contrato, sin chances de sindicalización para la masa de freelancers dispersos, y en busca del mejor postor, el efecto de este tipo de desembarco no sólo de los conglomerados globales de entretenimiento, sino también de las pequeñas empresas internacionales dedicadas al comercio simbólico, muchas veces incluso regionales en el caso de América Latina, en un contexto que según Claudio Rama (1999) se caracteriza por a) la segmentación de los mercados, b) la particularización de la oferta y c) la oligopolización de la producción simbólica, consiste, más allá de la política pretendidamente neo-izquierdista de los gobiernos, en una confluencia donde la ética universalista del estado y el afán de lucro de las empresas fusionadas hace uso de la cultura como recurso útil para la implementación de agendas de política cultural no consensuada, y que en muchos casos se financia con fondos fiscales deducidos de impuestos. Este diagrama confina al estado-nación a la posición de mediador cultural entre los conglomerados de entretenimiento y la sociedad civil. Los estados cumplen la función de conformación de públicos de masas hacia adentro, y hacia fuera se realiza una selección de las diferencias e identidades locales, donde aquellas que posean las singularidades necesarias para tallar en mercados regionales o globales, esto es, que se amoldan a los performativos de los protocolos de difusión, son estimuladas a circular, cubiertas por el paraguas de dichos conglomerados o del nuevo sistema de filantropía internacional del turismo artístico, fomentando la idea de diversidad y desarrollo local.

martes, 21 de octubre de 2008

Fragmentos de una tesis enclenque I



Los posicionamientos de la SADE en tanto actor corporativo, que oscilan durante el peronismo entre la conformación de una trinchera de resistencia cultural hasta la mera defensa de los intereses gremiales, llegando hasta la pasividad y la inoperancia cuando algunos escritores son encarcelados, no sólo nos habla de los desencuentros entre la intelligentzia nacional y el peronismo entre 1946 y 1956, ni de la batalla por adueñarse de los significantes supuestamente beneficiosos del antiperonismo al interior del campo cultural posterior al golpe de 1955, sino que nos ilustra sobre el peso social y las posibilidades de los escritores de posicionarse como interlocutores válidos del gobierno y también de la sociedad, que visualizaba a su profesión como un espacio prestigioso. La sociedad de escritores como actor corporativo y una forma de sociabilidad articulada con las disputas políticas, los escritores interviniendo en la esfera pública como intelectuales pese a la limitada relevancia social de sus obras, al menos en comparación con los autores extranjeros. De las conferencias de Lugones en 1913 a la organización de los escritores provenientes de diferentes tendencias estético-políticas en torno a la SADE opositora al gobierno de Perón, las transformaciones en el rol social del escritor y su investidura de prestigio acaso irradiada desde el campo y la importancia de los intelectuales para la cultura escrita de la época, acompañan el desarrollo de un campo de la edición literaria cada vez más autónomo y diferenciado, que sin embargo muestra diferentes facetas, y cuyo desarrollo no es necesariamente acumulativo en términos de independencia política y especificidad de las tareas desempeñadas por el editor.