Levántate y anda

martes, 30 de septiembre de 2008

Y que los (y las) eunucos bufen


Acaba de salir al ruedo un nuevo blog colectivo que se las trae:



HACIA EL BICENTENARIO




domingo, 28 de septiembre de 2008

De vuelta


A todos aquellos que nos escribieron decepcionados durante nuestro periplo por la Walt Tourism World, a quienes creían que habíamos abandonado esta noble actividad, les decimos con amor: volvimos.

Volquer y yo estamos más vivos que nunca. La convivencia es dura de a momentos, pero nos queremos. Por eso aguantamos tantos años juntos.

Alimentados, como siempre, por el afecto de nuestros refinadísimos lectores.

Aunque a veces, el regreso, puede deparar extrañas sorpresas.

Como cierto parrafillo, una aguja en el pajar de calurosas felicitaciones que recibimos a diario, de una querídisima amiga. Una gran escritora y editora a quien admiramos.

Fieles a nuestra política anti - genuflexión que comprende la prohibición de solicitar ser linkeados por nuestros cuantosísimos amigos en el universo bonsai literario bloggeril, nos abstenemos de mencionarla.

Porque, lo repetimos, es una gran amiga. Que, suponemos, tuvo una mala tarde. Una mala tarde que podría tener cualquiera.

No obstante lo cual, puede ser divertido mencionar algunos de los equívocos.
Vamos, entonces, al grano.

Inútil hablar de la chicana sobre el supuesto "kirchnerismo" o "no kirchnerismo" de Volquer. Porque argumentar sobre una chicana que se monta sobre otra chicana no tiene sentido. Lo que si delata, la chicana sobre la chicana, o el "creemos que no es kirchnerista" es cierto esencialismo maniqueo a la hora de pensar los procesos de identificación política que circula en el campo literario.

Y ciertos reclamos de autenticidad que, a esta altura, nos producen una semi - sonrisita amarga.

La idea de un "pensar mal" no resiste el menor comentario. En todo caso, se prefiere a los que piensan mal antes que a los temerosos, o para decirlo más directamente, a los que se "despegan" por cagones. Sí es más interesante la idea de "pensar en lo inmediato". Esa es, justamente, una de las pocas virtudes que tiene el blog como superficie.

A menos que se esté pendiente de un supuesto "auto escrache" o vigilancia permanente de no imagino qué tribunal fantasmagórico, que tomará notas de lo que dijo Volquer, en contra de lo que escribió o piensa X, o el supuesto Volquer en la vida real.

Pero, sinceramente, queridos amigos, cualquiera con un mínimo de sentido común puede darse cuenta que la materialidad de lo que se publica en un blog tiene toda la seriedad y el peso que tiene este soporte, o sea, el blog.

Y que hacerse problemas por lo que piensen oscuros jueces culturales que no nos interesan es, por la mínima, ridículo.

Tan ridículo como tomarse en serio lo del marketing.

Porque el marketing, queridos amigos, no es la sal de la vida, sino la vida misma.

La potencia seductora del mercado, fluyendo y lubricando el goce de los cuerpos.
Somos en el marketing, queridísimos amigos.


domingo, 21 de septiembre de 2008

Say no more


Al menos por hoy.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Hoy

Al mediodía extrañé como un marica. A mi novia.
Después pensé:
"El origen de la felicidad es el liberalismo".
Un poco obvio ¿no?

viernes, 19 de septiembre de 2008

Dog Face

Los tipos de migraciones nos maltratan.
Mi padre los patotea.
Tengo que interceder.
Después, en el hotel, busco en la guía el número de Segovia.
Acá está lleno de arte.

martes, 16 de septiembre de 2008

Sobre el oficio más viejo del mundo


De fondo, escucho las canciones de la hinchada de Huracán, o quizás sea la de Newell’s, que juegan su partido en el estadio Diego Maradona. Después de Boca y de Argentinos Juniors, Huracán es mi equipo favorito. Junto con Tigre. Pero ahora no voy a hablar de eso.
Vengo de una conversación con un joven trabajador de la industria editorial argentina. Un pibe honesto, con perspectiva. Que se hizo desde abajo y conoce el oficio. Un pibe que ojalá, en algunos años, dirija una de las editoriales más importantes que hay en nuestro pequeño país. Antes de la charla, estuve leyendo el último y monumental número de El Interpretador sobre el trabajo. Y en el medio de todo esto, cené. Me hice un sándwich mientras veía la mejor telenovela que dan en la televisión. La novela se llama Sin tetas no hay paraíso, y es una bomba. Va por canal 9, creo que a las 22 horas. Pura industria cultural colombiana.
Este contexto de lectura me hizo pensar en los contornos del trabajo que podemos leer, en negativo, tanto en la novela como en Bailando por un sueño. Los cuerpos hiperproducidos de Bailando por un sueño, en base a una estructura melodramática donde hay un soñador, una bailarina y un jurado integrado también por el público, urden una trama donde la gramática del trabajo se desdobla en varios niveles. El soñador es el trabajador digno, digamos, para usar una terminología afín, proletario. Su lugar es marginal. Su acompañante también es una trabajadora, pero su lugar en la estructura productiva es mucho más opaco. Es, quizás, el punto (no tan) oscuro de Bailando por un sueño. Porque todos sabemos, queridos compañeros, cual es el trabajo declarado de las soñadoras: modelos, vedettes, actrices, ex mujeres de. Pero lo más interesante es que todos sospechamos cuál es el trabajo oculto, no enunciado en forma patente, siempre negado o travestido en chiste. La seducción, entonces está ahí. Putas de lujo que pretenden trabajar de otra cosa. Un exquisito catálogo, que cotiza a sus luminarias al ritmo positivista de la masividad. Tinelli, el profeta, ha encontrado el punto ciego de su goce. Aquel que ya había arañado al desposar a una de las entrañables T-Nellys. Madre, puta y empleada. Un combo difícil de resistir.
Pero decíamos Putas: un trabajo que está en el centro de la novela colombiana.
En Sin tetas no hay paraíso, entonces, el trabajo enunciado es la prostitución. La heroína, en este caso, no es un proletario acompañado por una trabajadora que se desdobla, puta y actriz, ex mujer y puta, vedette y puta, sino que es una heroína proletaria, digamos, que se transforma en puta. Lo hace, señores, porque anhela el dinero para las siliconas.
Aquí, entonces, el punto oscuro no está en el secreto que todos compartimos pero nunca termina de enunciarse. Aquí, por el contrario, asistimos a una tragedia social: la puta no es puta por necesidad, sino por egolatría.
¿Pero dónde está el punto oscuro, entonces? ¿Por dónde se absorbe la líbido social necesaria en todo producto cultural que valga la pena? Además de la estructura melodramática, presente en ambos programas, la clave está, de acuerdo a mi limitadísimo juicio, en la fusión de lo social con la naturaleza. La teta, los genitales, son el elemento natural-social por excelencia. Prostituirse para ponerse tetas, entonces, es (era) un movimiento que lleva el signo de la rebeldía contra la naturaleza. O quizás no. Quizás no exista ya rebeldía alguna en el plano de lo sexual. Quizás, el trabajo, tenga la arquitectura misma de la prostitución, y el tratamiento estético sobre ese simple hallazgo sea la seductora obscenidad de la novela. Al igual, lo señalamos, que en Bailando por un sueño. Porque, en el caso de la heroína de Sin tetas…, no es lo social aquello que se impone a lo natural: es lo natural-social que choca con lo natural-social.
Lo que estalla en este choque es el concepto mismo de trabajo. Vuelca. El concepto moderno de trabajo como actividad diferenciada que se opone al ámbito de la subsistencia (o del placer), sirviendo como medio para la misma, se transforma en otra cosa cuando la prostitución es ejercida como fin en sí mismo. Prostituirse para ponerse tetas, en este plano, sería una hiperprostitución. Prostitución al cuadrado. El cambio, entonces, no está en el ámbito del trabajo. El cambio está en la prostitución, que se legitima. Si el sexo es inacapaz de transgredir, la prostitución se convierte en espectáculo familiar. Se normaliza. Y esa normalización es la banquina que muerde el trabajo, en su camino hacia la dignidad (o hacia la revolución).
Ahora bien: sin transgresión sexual, lo que queda del melodrama es, queridos compañeros, la disputa entre el capital y el trabajo. Veamos, entonces, las formas de presentación del capital en ambos programas.
Porque el trabajo, ya lo dijimos, no puede diferenciarse de la prostitución. En ninguno de estos programas. Y, entonces, se diluye.
Un héroe mudo y proletario que acompaña a una asistente artista y puta, una heroína puta que se resiste y en ese movimiento se acopla a lo natural-social. Sus contrafiguras parecen hechas a medida: en el primer caso, un proletario que asciende en la industria cultural y se convierte en profeta. Tinelli, señores. El capital, en este caso, actúa como conductor, es decir como lubricante. Esa es su función manifiesta. No está a la altura de erigirse como árbitro en defensa del más débil (el soñador), sino que manipula el rating. Manosea. No dirime, no hace justicia, queridos compañeros, porque no le conviene. Y no le conviene porque la vaca, ya lo sabemos, está atada. Laissez faire, laissez passer. Liberalismo y escándalo.
En el segundo caso, el capital es un capital narco. La reglas, en el micromundo de Sin Tetas…, las dicta el narcotráfico, con sus intrigas y sus traiciones. Cualquier similitud con los narco-estados latinoamericanos es, amadísimos compañeros, pura coincidencia.
Bailando por un sueño y Sin tetas no hay paraíso son dos de las ficciones más potentes de la actualidad.
El primero, tiene anunciantes de primera línea. Empresas multinacionales.
En las pautas del segundo, un poco más modestas, se ofrecen servicios por telefonía celular. Marcá 1234 y una colegiala te cuenta sus fantasías. Marcá 4321 lolita y una lolita te cuenta su primera vez. Marcá 2314 perras.
Huracán y Newell’s, acabo de comprobarlo, empataron 1 a 1.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Leyendo El juego de los mundos, de César Aira




En el 84, no puedo concentrarme en ninguna lectura. Mucha gente parada. Reviso mi celular, que está en coma. Escribo un mensaje, pero la pantalla se pone negra y lo pierdo. Imagino que mastico tabaco. Después, en el subte A, empiezo a leer la nouvelle de Aira. Me ilusiono un poco al ver los paratextos. Está publicada en 2000 por ediciones El Broche, de La Plata, y como subtítulo dice "novela de ciencia ficción". Pero el efecto dura poco: se trata, otra vez más, de una reflexión metaliteraria. Literatura conceptual, por lo menos hasta la mitad. Anoto los márgenes, subrayo frases. Lista de oposiciones: literatura / contemporaneidad, industria cultural / civilización, literatura / seriedad (densidad política o social), guerra / juego, Adorno / Benjamin (o inteligencia / sistema nervioso), historia / juego, generación de la palabra imaginarizada / antigua cultura letrada. Lo que no se puede enunciar -lo real- como el límite de la imaginación. La literatura se convierte en imágenes; los adolescentes juegan a exterminar mundos a través de un extraño videojuego. Los mundos que se exterminan son reales; las imágenes que quedaron en lugar de la literatura son hiperreales. ¿Cuál de los dos es más real? ¿Cuál más delirante?

Aunque, obviamente, todas estas duplicidades son enunciadas sólo para, en un segundo movimiento que acontece a medida que se solapan entre sí, convertirse en fuente de ambigüedad. Las supuestas oposiciones no son tales; el mundo es complejo; ying y yang, brother.

La literatura es una práctica residual, OK, pero si se apropia del proyecto de las artes visuales puede decir mucho más, cuestionarlo todo, quebar todo el sentido que, nos guste o no, todavía se genera en el lenguaje. Para esto hace falta un proyecto y un genio creador. Y ambos tienen el mismo nombre: César Aira. El conceptualista.

No se trata, vale la pena aclararlo, de que Aira "nos haya cagado" o no nos haya cagado. Aira no cagó a nadie porque sus textos son parásitos de un género literario muy especial, un género literario de los pocos que poseen un público cautivo: la monografía académica. Aireanamente, para saber de Aira sería más últil leer las sesudas monografías de los estudiantes de letras que las propias novelas de Aira.

Es mentira eso de la levedad, de la felicidad, el mito del regocigo que produce el "derroche imaginativo" de Aira. Lo que "el dispositivo Aira" produce son monografías. Y él, inteligente -genio-, lo sabe. Ironiza sobre eso, y esa es, en el fondo, la verdadera fuente de esa melancolía festiva que puede leerse en toda su obra.

Es cierto que el deseo de escribir una monografía puede ser más importante que la monografía misma. Aira produce ese deseo; y en ese sentido es y no es un viejo vanguardista. Los viejos vanguardistas también pensaban en términos de proyecto total, pero su deseo era, en un punto, alterar los estados de conciencia o las categorías perceptivas de los "activos" espectadores que se enfrentaban a sus obras. El de Aira no. Aira no quiere alterar ni conmover; no busca un replanteo, sino una fina ironía que haga sentir a sus lectores profesionales el regocijo tórrido que produce el racismo de la inteligencia, del cual la facultad de letras es la principal diseminadora.

Posicionado en esa ambigüedad, nuevamente, la dichosa ambigüedad que nos hace más sabios, la indecidibilidad, como dirían ciertos teóricos del fenecido postestructuralismo, Aira sin embargo se burla de la industria editorial.

A modo de hipótesis, podemos decir que sus "novedades", o sus apuestas más fuertes, salen por editoriales pequeñas e "independientes". Tal es el caso de El juego de los mundos. Mientras que sus libros más pavos, o sus reescrituras de libros malos, salen por sellos importantes.

Con el tiempo, tal vez sea ese el mejor legado de Aira: su concepción total de la práctica literaria como una experiencia que no termina cuando se cierra el archivo de word y se lo manda al editor, sino cuando el libro circula y choca con la industria, el mercado, los lectores.

El mejor, o, tal vez, el único.